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viernes, 29 de abril de 2016
Lo que no se está leyendo en los mayores rotativos españoles sobre lo que pasa en las primarias de EEUU
Articulo de Vicenç Navarro para Publico.es
Vicenç Navarro
Catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra, y Profesor de Public Policy en la The Johns Hopkins University
La cobertura de la realidad estadounidense por parte de la prensa escrita se realiza, por lo general, a través de corresponsales que se limitan a traducir al castellano lo que dicen la mayoría de los grandes rotativos de EEUU, lo cual puede llevar a conclusiones que son cuestionables. Un ejemplo de ello es la lectura de las últimas elecciones primarias en el Estado de Nueva York, ganadas por el Sr. Trump en el Partido Republicano y por la Sra. Clinton en el Partido Demócrata, victorias que parecen haber colocado a ambos candidatos en posición de convertirse en los aspirantes de cada uno de los partidos para competir por la Presidencia de EEUU.
A primera vista, los datos parecerían confirmar que esta lectura no es del todo desacertada. En el día de hoy, Trump parece que terminará teniendo suficientes delegados para ser nombrado candidato republicano para competir con el candidato o candidata del Partido Demócrata para tal cargo.
Y, según los medios, es la Sra. Clinton la que más probablemente será la candidata. Y por los números de delegados así lo parecería. La Sra. Clinton tenía, después de las elecciones que tuvieron lugar en EEUU el día que se realizaron en Nueva York, 1.429 delegados elegidos en las primarias, a los cuales había que sumar 469 súperdelegados que tienen derecho a participar en la votación por el cargo que tienen, sean congresistas o senadores, u otros cargos electos del Partido Demócrata, sumando así 1.883 delegados, un número ya relativamente cercano para alcanzar los 2.383 necesarios para conseguir la mayoría. El Sr. Bernie Sanders tenía 1.149 delegados y tenía el apoyo de solo 31 súperdelegados, ganando un total de 1.180. La diferencia es notable y parecería que el Sr. Sanders no tiene muchas probabilidades de ser el candidato del Partido Demócrata.
Lo que no se conoce tanto en España
Ahora bien, hay varios datos que deberían conocerse y que no se han publicado en España. Uno de ellos es que la mayor causa de la diferencia de delegados fue el inicio de la campaña en los Estados del sur, los más conservadores en aquel país. En aquellos Estados, el aparato del Partido Demócrata jugó un papel clave en la movilización del electorado de este partido, canalizando el voto a través de las asociaciones de afroamericanos y latinos, que eran, en la práctica, ramas del aparato del Partido Demócrata, aparato que estaba claramente a favor de la Sra. Clinton, ansiosos y temerosos del Sr. Sanders y su socialismo. De ahí el énfasis de la candidata Clinton en acentuar las discriminaciones por raza y grupo étnico, así como por género, que existen en EEUU, y su necesidad de corregirlas para facilitar una mayor integración de los afroamericanos, de los latinos y de las mujeres en el sistema económico y político estadounidense. La estrategia de la Sra. Clinton es facilitar la integración de los grupos discriminados –negros, latinos y mujeres- en la estructura de poder estadounidense. De ahí que la mayoría de aquellas asociaciones –lideradas por personas negras, latinas y mujeres de clase media alta– apoyaran a la Sra. Clinton.
El Sr. Sanders, por el contrario, enfatizó los temas transversales, mostrando sentido e identificación de clase social, pues su intención no es conseguir su integración en el sistema, sino el cambio de este. El Sr. Sanders cuestiona la estructura de poder, y por lo tanto, el sistema económico y político estadounidense basado en el maridaje y complicidad entre el poder financiero y económico, por un lado, y el poder político y mediático, por el otro. La estrategia de los movimientos civiles en defensa de los negros y de los movimientos feministas había conseguido que variara la composición de las estructuras de poder, incluyendo a las minorías negras, latinas y las mujeres, sin que el nivel de vida de la mayoría de negros, latinos y mujeres hubiera aumentado. En realidad, el Presidente Clinton, esposo de la candidata Clinton, había facilitado la integración de negros, latinos y mujeres en su Administración, a la vez que aprobó leyes de claro sentido clasista (es decir, que beneficiaron al mundo empresarial) que causaron el crecimiento de la pobreza en EEUU, también entre los negros, los latinos y las mujeres. El Presidente Obama, el primer presidente afroamericano, no ha mejorado el estándar de vida de la clase trabajadora afroamericana, la clase mayoritaria dentro de la población negra. Es una de las diferencias clave entre la candidata Clinton y el candidato Sanders. La Sra. Clinton enfatiza las políticas de identidad, de raza, de grupo cultural y étnico y de mujer, y el Sr. Sanders enfatiza las de clase social.
El socialismo de Sanders.
Para Sanders el mayor problema de la democracia estadounidense es la instrumentalización del poder político por parte del poder financiero y económico, haciendo una llamada explícitamente a la Revolución Política del pueblo estadounidense frente a la minoría financiera y económica, que él llama la “billionaire class” (la clase de billonarios) que controla la vida política, económica y mediática del país. Su concepto de socialismo no es el de la nacionalización de los medios de producción, sino el de la democratización del sistema político, rompiendo el maridaje entre el poder financiero y económico y el poder político. Su llamada a la movilización de clase (redefiniendo la clase trabajadora como la mayoría de la población que trabaja, a la cual Sanders define como “las clases medias y las familias trabajadoras”) ha sido sorprendentemente exitosa. Ha movilizado sobre todo a la gente joven y a la clase trabajadora en EEUU. De ahí que fuera en las primarias que tuvieron lugar en los Estados más industrializados y más urbanos cuando su estrategia de clase fue más efectiva, ganando en muchos de estos Estados, venciendo además con grandes mayorías. Y es en estos Estados donde el aparato del Partido Demócrata ha tenido menor capacidad de movilización. Y ahí, en estos Estados, la Sra. Clinton tiene una imagen de ser un miembro prominente del establishment, algo que le daña. Ha recibido casi tres millones de dólares por dar 12 conferencias en los bancos de Wall Street, eje del capital financiero, que ha pagado gran parte de sus campañas. Así, la Sra. Clinton es especialmente vulnerable, pues se la ve como una figura del establishment en un momento en el que la población tiene un claro rechazo hacia el mismo, el cual es visto como controlador del Partido Demócrata. Ello explica la gran pérdida de personas pertenecientes al Partido Demócrata, cantidad que ha pasado de representar el 38% de la población adulta en 1988, al 29% en 2014. El Partido Republicano ha tenido una pérdida semejante de miembros, pasando de un 33% a un 26% en el mismo periodo, mientras que los independientes han subido, de un 31% en 1988 a un 42% en 2014. Es entre los independientes donde Sanders está consiguiendo más apoyo.
Los problemas de Hillary Clinton
Hillary Clinton, persona percibida claramente como miembro del establishment, tiene un elevado porcentaje de voto negativo (uno de los más altos, el 52%). Si se suman, pues, estas dos variables: una el bajo porcentaje de personas que se consideran demócratas, y dos el elevado grado de opinión desfavorable de Clinton entre la población, la candidatura de Clinton tiene un grave problema. En realidad, todas las encuestas muestran que Sanders podría derrotar a Trump con porcentajes mayores que Clinton, porcentajes que son incluso mayores entre los jóvenes, por debajo de los 35 años, y entre la clase trabajadora. En realidad, lo que está sucediendo en esta campaña es el resurgir de la clase trabajadora estadounidense como sujeto político. El gran rechazo por parte de tal clase hacia las estructuras políticas a las cuales se consideran como responsables del gran deterioro económico, es uno de los datos de mayor interés en EEUU, y que apenas ha aparecido en España.
Tal movilización es lo que explica el otro inesperado éxito, el del candidato Trump, cuyo apoyo procede en su mayoría de la clase trabajadora, predominantemente blanca. Y aun cuando, como he indicado en otros artículos, Trump es la versión Le Pen, la versión fascista en EEUU, sería injusto definir a sus seguidores como tales. Son obreros que rechazan profundamente el establishment político-mediático, hecho que Trump explota y capitaliza en su campaña. Un componente que atrae gran interés es que Trump, al comienzo de cada una de sus conferencias, ridiculiza el análisis político que han hecho los gurús mediáticos el día anterior en sus informativos.
El futuro incierto en el plano político en EEUU: el resurgimiento de la clase trabajadora como agente político
El bipartidismo está también en crisis profunda en EEUU. El descenso de la población que se identifica con ambos partidos es muy marcado. Y es probable que este descenso continúe. Y, mientras, el porcentaje de la población que se define como independiente (es decir, ni demócrata ni republicana) está aumentando de una manera muy notable. Durante las primarias en el Partido Demócrata votan solo los miembros del Partido Demócrata en algunos Estados, pero en otros pueden hacerlo también los independientes. Y es en estos Estados donde, por regla general, Sanders (que tiene su mayor apoyo entre los independientes) gana. De ahí que en los primeros Estados (en los que solo votan los demócratas, como en el Estado de Nueva York) consigue peores resultados. Pero no así cuando los independientes pueden votar. De ahí que en las encuestas para predecir el resultado de las elecciones generales, el candidato Sanders consiga unos porcentajes de voto sobre Trump mayores que los que consigue la Sra. Clinton.
Si la elección fuera Donald Trump versus Hillary Clinton, el resultado sería más incierto, pues Trump presentaría su candidatura intentando capitalizar sobre él el profundo sentimiento antiestablishment que aparece en aquel país frente a una figura que representa claramente a este establishment. Y aun cuando sería predecible que la mayoría de personas que han apoyado al candidato Sanders durante las elecciones primarias votaran a la Sra. Clinton, es también probable que un porcentaje elevado se abstuviera. No se puede subestimar el rechazo de la juventud (la mayoría de personas por debajo de 35 años simpatiza con Sanders) y de la clase trabajadora hacia el establishment. La percepción de que los dos partidos mayoritarios están instrumentalizados por intereses financieros y económicos está muy generalizada en EEUU, sobre todo entre las clases populares. Y no son insensibles a las llamadas a la necesidad de una revolución política que hace el candidato socialista. Desde la decisión de la Corte Suprema de EEUU en el año 2012 (“Citizen United Versus Federal Election Commission”), la cantidad y origen del dinero que pueden recibir los candidatos es ilimitada, con lo cual el 40% de los fondos que recogen los políticos (en terminología actual, la casta política) procede del 0,01% de la población.
Mientras, el promedio de los ingresos familiares, ajustado por la inflación, es hoy más bajo que en el año 2008. Y aun cuando el desempleo ha descendido bajo la Administración Obama, el porcentaje de la población adulta que trabaja ha disminuido. De ahí que el futuro sea hoy muy incierto en aquel país. No es fácil hacer predicciones, pues lo que caracteriza a la vida política de Estados Unidos es su gran rechazo hacia el establishment financiero, económico, político y mediático del país. Y ahí está la cuestión, que los grandes medios de información y persuasión españoles apenas citan.
http://blogs.publico.es/vicenc-navarro/2016/04/29/lo-que-no-se-esta-leyendo-en-los-mayores-rotativos-espanoles-sobre-lo-que-pasa-en-las-primarias-de-eeuu/
sábado, 6 de febrero de 2016
De Corbyn a Sanders: la desesperación de los jóvenes está alimentando a la izquierda
De Corbyn a Sanders: la desesperación de
los jóvenes está alimentando a la izquierda
Articulo de OWEN JONES para theguardian y eldiario.es
Es el septuagenario impulsado por la juventud. Los datos que hay detrás
del triunfo de Bernie Sanders en Iowa –donde su insurgencia de bases obtuvo
casi un empate contra lo que describió correctamente como "la organización
política más poderosa" de Estados Unidos– son asombrosos. Entre los demócratas
de Iowa de 17 a 29 años, el 84% optó por este improbable icono juvenil; entre
los de 30 a 44 años, Sanders aún se quedó 21 puntos por encima de Hillary
Clinton. Fueron los estadounidenses mayores quienes acudieron en masa a
Clinton: casi siete de cada diez de los mayores de 65 años. Se vio a las
generaciones separadas por un abismo político.
He aquí un fenómeno que está lejos de limitarse a Estados Unidos. Es
una historia de jóvenes que afrontan un presente y un futuro definido por la
seguridad económica, a menudo aparentemente condenados a una vida peor que la
de sus padres. Se sienten con frecuencia no representados, ignorados,
traicionados o totalmente atacados por la élite política. Son mucho más
progresistas en los temas sociales que la generación de sus abuelos. Y están
ayudando a impulsar movimientos que van de Sanders a Podemos en España, de
Syriza a Jeremy Corbyn.
No es por exagerar o por simplificar demasiado. Una "generación"
es en sí misma una generalización indiscriminada: puede incluir al
multimillonario blanco jubilado y al pensionista negro que tirita en una casa
fría, o a la hija de un minero y al joven que ha estudiado en colegios privados
y cuyos padres ricos pagan su hipoteca. Solo una minoría de jóvenes están
comprometidos políticamente de forma significativa, y muchos menos están políticamente
activos. Y eso incluye a aquellos que optan por partidos conservadores o
incluso de ultraderecha.
Pero no hay dudas de que una franja de jóvenes privados de derechos
está impulsando los nuevos movimientos de la izquierda. Las actitudes políticas
han cambiado. La derrota de los laboristas británicos en mayo pasado se compara
a menudo con el desastre de ese partido en 1983, pero en aquel momento, cuando
el Partido Laborista fue derrotado bajo el liderazgo de Michael Foot, los
conservadores obtuvieron una ventaja de nueve puntos en los jóvenes de entre 18
y 24 años, mientras que en 2015, los laboristas ganaron por 16 puntos en esa
franja de edad. Es más: los jóvenes británicos son el doble de propensos a
optar por los verdes de izquierdas que el resto de la población.
Mientras que una encuesta del mes pasado decía que un irrisorio 16% de
los mayores de 60 años creen que Jeremy Corbyn está haciendo las cosas bien, la
cifra se eleva al 41% en el caso de los jóvenes de entre 18 y 24 años. Durante
las primarias que llevaron a Corbyn al poder, se sabe que la incorporación de
nuevos militantes relativamente jóvenes bajó la media de edad del partido de 53
a 42.
¿No es más que ingenuidad juvenil? "En 1984 y 1988 –señala el
periodista estadounidense Peter Beinart– los votantes jóvenes apoyaron a Ronald
Reagan y a George HW Bush con diferencia". Margaret Thatcher también
atrajo un nivel de apoyo juvenil que no ha tenido David Cameron. El indicio de
que las personas se vuelven de forma natural más conservadoras a medida que
envejecen no es concluyente; de hecho, en temas sociales, las personas mayores
a menudo se limitan a mantener las actitudes conservadoras de su juventud.
"El cambio suele ir más hacia una mayor tolerancia que hacia un mayor
conservadurismo", afirma un estudio estadounidense.
Para los británicos mayores, la izquierda puede ser asociada con el
fracaso desastroso del totalitarismo soviético y la ruptura del consenso de la
posguerra. Para los británicos jóvenes, pueden tener más influencia las
consecuencias del colapso financiero y las profundas desigualdades que muestra
claramente la sociedad. Es la caída de Lehman Brothers, y no la del Muro de
Berlín, la que puede ser más significativa.
Las generaciones parecen vivir en planetas políticos diferentes. Los jóvenes
estadounidenses son mucho más susceptibles de apoyar la inmigración que sus
mayores, y de tener una visión positiva sobre los musulmanes. Mientras que los
mayores de 35 se inclinan algo más por considerar que el Gobierno hace
demasiado, los menores de esa edad se decantan mucho más por creer que hace
demasiado poco. Es una generación que ha crecido en un mundo definido por los
fallos del mercado y no por rivalidades de la guerra fría. Sanders, que se
autodenomina socialista, es una especie rara entre los políticos
estadounidenses. Pero es significativo que, mientras que solo el 15% de los
estadounidenses mayores de 65 años tienen una visión positiva del
socialismo, se eleva al 36% en los jóvenes de entre 18 y 29 años, solo tres
puntos por debajo de quienes optan por el capitalismo.
En cualquier caso, es con seguridad la inseguridad económica lo que
motiva el radicalismo joven actual. Una encuesta indicaba el año pasado que
casi la mitad de los llamados "millennials" estadounidenses –los que
tienen entre 18 y 35 años–consideraban que les deparaba un " futuro peor
que el de sus padres". Cuarenta millones de estadounidenses están sumidos
en deudas estudiantiles (por los préstamos que adquirieron para formarse), que
contribuyen a reducir su calidad de vida y les dejan menos renta disponible
para, por ejemplo, una hipoteca o un coche. La cifra de personas que poseen una
casa a lo largo del Atlántico –el eje del "sueño americano"– está
ahora en su nivel más bajo en casi cincuenta años. La recuperación económica es
una abstracción para muchos jóvenes estadounidenses, que a menudo tienen
trabajos inseguros y mal pagados con pocas perspectivas de subidas salariales o
de la calidad de vida que creen merecer.
Se podría hacer una foto similar en Reino Unido, por supuesto. Las políticas
del Gobierno han atacado desproporcionadamente a los más jóvenes: el castigo a
las aspiraciones educativas triplicando las tasas a los estudiantes, el recorte
de los servicios para la juventud y de la Education Maintenance Allowance (un
sistema de prestaciones para estudiantes), un salario mínimo que discrimina a
los jóvenes, una caída de la calidad de vida que los británicos mayores no han
tenido que sufrir...
Una persona joven puede pensar que ir a la universidad –que ahora
implica acumular un montón de deudas– no te abre las puertas que antes te abría.
La cantidad de personas que poseen una casa está en su nivel más bajo del último
cuarto de siglo, y se ha desplomado especialmente entre los jóvenes. Hay datos
que indican que muchos han dejado de ahorrar para una hipoteca. Ahora hay más
alquileres de propietarios privados que de vivienda pública. La mitad de los
inquilinos de esos alquileres privados, con frecuencia desregulados y con
alquileres que absorben todos sus ingresos, tienen menos de 34 años.
Ahí está el peligro. Al igual que otros países occidentales, la
sociedad británica está envejeciendo, y los votantes mayores están optando con
mayor decisión por los conservadores y, al mismo tiempo, acudiendo más a votar.
Los movimientos políticos nuevos se enfrentan a una tarea formidable: motivar a
los votantes jóvenes para que vayan más a las urnas y convencer de su causa a
una parte significativa de los mayores. Un fracaso en ese objetivo sentenciará
a esos movimientos. Pero la élite política convencional no debería darse por
satisfecha. Parecen creer que pueden abandonar a los jóvenes sin sufrir ninguna
consecuencia política. Puede que un día descubran que se les acabó la suerte.
sábado, 30 de enero de 2016
Conoce un poco más de Bernie Sanders, candidato a la nominación por el Partido Democrata.
Por qué el
socialista Bernie Sanders despierta tantas pasiones entre los jóvenes de EE.UU.
Jaime
González BBC Mundo, Los Ángeles, @bbc_gonzalez
¿Puede un autodenominado socialista de 73 años, voz ronca y aspecto
desaliñado, al que le gusta despotricar contra la clase dirigente -en
particular contra los bancos y las grandes corporaciones- convertirse en el
próximo presidente de Estados Unidos?
Si uno atiende a las miles de personas que en los últimos meses han
llenado pabellones deportivos en ciudades de todo el país para oír hablar y
vitorear al senador de Vermont Bernie Sanders, la respuesta parece ser que sí.
Aunque si se tiene en cuenta que Sanders es todavía un desconocido
para una mayoría de los votantes y que en EE.UU. para muchos nombrar la palabra
"socialista" prácticamente equivale a invocar al diablo, la respuesta
parece ser que no.
Si a ello se le suma que la rival a la que se enfrenta Sanders para
hacerse con la nominación demócrata de cara a las presidenciales de 2016 es la
todopoderosa Hillary Clinton, a la que algunos ya ven como la próxima inquilina
de la Casa Blanca, la conclusión es: imposible.
En cualquier caso, se trata de un "imposible" que a medida
que pasan las semanas y aumenta la popularidad de Sanders -quien por primera
vez este miércoles aparece por delante de Clinton en una encuesta de intención
de voto de cara a las primarias de New Hampshire- se está transformando en un
"¿quizás?".
Al fin y al cabo, antes de la irrupción del senador Barack Obama, ¿quién pensaba que Clinton no iba a ser la
candidata demócrata en las presidenciales de 2008?
No hay duda de que a estas alturas la mayor parte de seguidores de
Sanders engrosan el electorado demócrata más a la izquierda del partido, que
muchos consideran minoritario.
Pero los responsables de la campaña Sanders -nacido en Brooklyn, Nueva
York, en 1941 en el seno de una familia de origen judío- están haciendo un uso
muy inteligente de la redes sociales, logrando que su mensaje esté llegando a
los votantes de a pie, como demuestra la gran cantidad de gente que está
acudiendo a sus mítines.
Lleno total
Hasta el momento, al mayor evento protagonizado por Hillary Clinton
asistieron unas 5.500 personas.
Mientras, Sanders logró
congregar tan sólo el pasado fin de semana a 15.000 personas en Seattle, en el
estado de Washington, y a más de 20.000 en Portland, en Oregón.
En julio tuvo un éxito similar en ciudades consideradas territorio
republicano, como Phoenix, en Arizona, y Dallas, en Texas, reuniendo a 11.000 y
8.000 personas
respectivamente.
Este lunes protagonizó otro lleno total en Los Ángeles, California,
donde más de 20.000 personas acudieron al pabellón Memorial a escuchar su
mensaje en contra de los multimillonarios y a favor de la clase trabajadora.
A Sanders se le acusa de carecer de atractivo entre los votantes
pertenecientes a minorías, aunque eso contrasta con la diversidad de la
multitud que le ovacionó en incontables ocasiones durante su discurso en la
ciudad californiana, y que estaba compuesta por gente de todas las razas y
edades.
Educación superior gratuita, sanidad pública
universal, lucha contra el cambio climático, reforma migratoria y del sistema
judicial, vacaciones y bajas de maternidad pagadas para los trabajadores, fin
de las contribuciones de las corporaciones a las campañas políticas, mayor
control de Wall Street y sus bancos, fin de las rebajas fiscales para los
ricos…
Sanders habla de todos estos temas en un tono populista y
desacomplejado, logrando conectar con un electorado cansado de los políticos,
tanto demócratas como republicanos, que anteponen los deseos de sus influyentes
donantes a los de los ciudadanos.
El senador de Vermont se ha comprometido a no
aceptar para su campaña ni un solo dólar de las grandes corporaciones y hasta el momento ha conseguido recaudar más de
US$15 millones gracias a las pequeñas donaciones de 200.000 de sus seguidores.
Cambiar el sistema
"Estoy aquí para mostrar mi apoyo a Bernie porque creo que en
este país hay muchas cosas que tienen que cambiar. Hay que reconstruir la clase
media y él me ha devuelto la esperanza de que eso es posible", asegura
Edwina Aguayo, quien acudió al mitin de Los Ángeles acompañada de varios
amigos.
"Hasta hace unos meses ningún candidato se atrevía a hablar del
racismo que existe en este país, y Bernie pone el énfasis en la necesidad de
que estemos unidos, sin importar nuestra raza", apunta la joven.
Daniel, un estudiante de ciencias políticas de 18 años asegura que
apoya a Sanders -porque como él- cree que "la universidad debe ser
gratuita".
"Además, el hecho de que no sea un político como los demás y que
apueste por cambiar el sistema me gusta", dice el joven originario del
condado californiano de Orange.
"También estoy de acuerdo con él en que la sanidad gratuita
debería ser un derecho de todos los estadounidenses y no sólo de unos
pocos".
Su amigo Jake, de 18 años y estudiante de relaciones internacionales,
asegura "que hay muchas cosas en las que no está de acuerdo con Sanders,
aunque le apoya "porque no es como el resto de políticos".
"No acepta dinero de las grandes corporaciones y se nota que le
preocupa la gente y no sus donantes".
Lo mismo opina Erik Martínez, un estudiante de secundaria de 17 años
que por primera vez podrá votar en las presidenciales de 2016 y que le dará su
apoyo al senador de Vermont porque este "quiere gobernar para la
gente".
"Habla de cosas con las que estoy de acuerdo, como no dar rebajas
fiscales a los millonarios o luchar contra el cambio climático. Creo que
Hillary Clinton es una republicana disfrazada de demócrata. Recibe demasiado
dinero de las grandes corporaciones", asegura Martínez.
"No hay que subestimarlo"
Según le dijo a BBC Mundo el director de comunicación la campaña de
Sanders, la gran cantidad de gente que se congregó en Los Ángeles para
escucharle "no fue una sorpresa" dado el éxito que habían tenido sus
mítines anteriores.
"Que tantos quieran escucharle hablar
demuestra que su mensaje está llegando a la gente de todo el país", aseguró Michael Briggs.
"Habla de asuntos que los grandes medios no tratan y sobre los
que a una mayoría de estadounidenses -ya sean republicanos, demócratas o
independientes- están de acuerdo. Cuanto más lo conocen, más les gusta".
Según Briggs, desde que inició su carrera política como alcalde de
Burlington, la mayor localidad del estado de Vermont, Sanders "ha sido
subestimado y eso es algo que ha demostrado no se debe hacer con él".
Viendo la energía desbordante que había este
lunes en su mitin de Los Ángeles, resulta sorprendente la poca atención que los
grandes medios están prestando a la campaña de Sanders, a quien a estas alturas pocos dan opciones de
vencer a Hillary Clinton en las primarias del Partido Demócrata.
Pero no hay que olvidar que en 1991 Sanders se convirtió en el primer
candidato independiente en ser elegido para el Congreso de EE.UU. en más de
cuatro décadas, gracias al apoyo ciudadano que recibió y que ahora está
tratando de replicar a nivel nacional haciendo un llamado a una "revolución ciudadana".
¿Imposible? No para las miles de personas que este lunes coreaban en
Los Ángeles en español "Sí se puede".
martes, 12 de enero de 2016
Corbyn en Reino Unido, Sanders en EEUU, Pablo Iglesias en España ¿Donde vamos a llegar?
¿Socialismo en EEUU?Un articulo para PUBLICO de Vicenç Navarro
Catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra, y Profesor de Políticas Públicas. The Johns Hopkins University
El movimiento de los indignados –el 15M- en España tuvo una gran influencia internacional e inspiró movimientos similares en otros países, como el Occupy Wall Street (OWS) en EEUU. Ni que decir tiene que otros hechos internacionales y nacionales contribuyeron también a que apareciera tal movimiento que denunció al establishment político-mediático de aquel país, presentándolo como un mero instrumento de la élite financiero-económica (que el Premio Nobel Joseph Stiglitz había definido como el 1% de la población), que ejerce una excesiva influencia en la gobernanza del país.
La enorme crisis conocida como la Gran Recesión, resultado de la aplicación de las políticas neoliberales a ambos lados del Atlántico Norte, había creado un enorme malestar popular que el OWS canalizó. A partir de los años 2011 y 2012, aparecieron en muchas ciudades estadounidenses acampadas en numerosas plazas públicas, en donde se denunciaba la enorme concentración de las riquezas y de las rentas en EEUU, con el consecuente crecimiento de las desigualdades y el deterioro del bienestar de la gran mayoría de la población estadounidense. Tal deterioro era consecuencia de la aplicación de políticas públicas que facilitaron la concentración de la riqueza y de las rentas, favoreciendo a las rentas derivadas de la propiedad del capital a costa de las rentas procedentes del mundo del trabajo. El OWS presentó tales hechos como la lucha de clases del siglo XXI, es decir la lucha del 1% más rica en contra del bienestar del 99% restante, confirmando lo que había reconocido nada menos que una de las personas más ricas de EEUU, el Sr. Warren Buffet, cuando indicó que tal lucha era “la victoria de la élite de billonarios a costa de todos los demás”. Este movimiento, el OWS, definía Wall Street, el centro financiero de EEUU, como el centro del poder económico, político y mediático del país, base del 1% de la población más rica de EEUU.
El impacto del OWS en EEUU fue, como el del 15M en España, enorme, situando el tema de las desigualdades en el centro del debate político. Ni que decir tiene que la primera reacción del establishment político-mediático fue intentar reprimir tal movimiento, incluso físicamente. Las avalanchas policiales frente a los campamentos fueron especialmente brutales en Nueva York y en Boston. Y, como era de suponer, los mayores medios de comunicación –altamente influenciados por el capital financiero- intentaron desacreditarlo. Pero la insistencia y el espíritu de lucha y compromiso de tal movimiento, así como la enorme simpatía popular que creó, forzaron a que el tema de las desigualdades pasara a centrar la atención mediática, hasta tal punto que el Presidente Obama tuvo que reconocer que “el escandaloso crecimiento de las desigualdades era el mayor problema existente en EEUU”. Tanto en The New York Times como en el Washington Post, la palabra “desigualdades” a partir de aquellas manifestaciones apareció con mucha mayor frecuencia, gracias a la aparición del OWS.
La creciente popularidad del socialismo
Estas movilizaciones ayudaron, en EEUU, a desacreditar y a deslegitimar las instituciones políticas, llamadas democráticas, a las que se percibía como meros instrumentos de los grandes grupos financieros y económicos dominantes. La aplicación de las altamente impopulares políticas neoliberales estaba alterando la visión generalizada anterior al inicio de la crisis, de que “EEUU era el país de las grandes oportunidades”. La realidad mostraba que ello no era cierto, y ya en diciembre de 2011, una encuesta de la altamente respetada compañía de encuestas PEW mostraba que el 49% de las jóvenes de EEUU (de 18 a 29 años) tenían una opinión favorable del socialismo, un porcentaje superior al de los que la tenían favorable del capitalismo (el 46%). También lo que era muy interesante es que el 55% de los ciudadanos afroamericanos y el 44% de hispanos y latinos eran favorables al socialismo (en contraste con tan solo el 24% de blancos). Otra encuesta elaborada por el mismo centro durante el mismo mes mostraba que el 77% de estadounidenses (incluyendo el 53% de los Republicanos, la derecha de EEUU) creían que había en EEUU una excesiva concentración de poder en manos de un grupo muy minoritario de la población y de un número muy reducido de grandes empresas transnacionales, basadas en EEUU pero distribuidas por todo el mundo.
El candidato socialista a la Presidencia de EEUU
Es en este contexto en el que apareció, como candidato a la Presidencia de EEUU, una persona conocida desde hace muchos años (durante su carrera política en un Estado, Vermont, paradójicamente rural y muy conservador) como socialista, sin que nunca ocultara su compromiso político con el socialismo democrático. Y lo más llamativo de esta persona, Bernie Sanders, es que era uno de los dos senadores que representaban aquel Estado de Vermont (antes fue alcalde de Burlington, la ciudad más grande de ese Estado, y más tarde fue elegido representante de Vermont, cargo que ocupó desde 1990 hasta 2006, año en el que fue designado senador). Lejos de presentar una imagen defensiva, el senador Sanders siempre ha sido conocido como un crítico acérrimo del capitalismo estadounidense y de las instituciones llamadas democráticas, excesivamente instrumentalizadas e influenciadas por las grandes empresas y corporaciones conocidas en EEUU como la Corporate Class, y que Sanders define como la “élite de billonarios”. Su gran punto de referencia es Eugene Debs, el dirigente socialista que fue candidato para la Presidencia de EEUU cinco veces durante el periodo 1900-1920, y que preside su despacho en el Senado. Lejos de presentar el socialismo como una sensibilidad foránea y no estadounidense, Sanders acentúa que la gran mayoría de intervenciones federales, altamente populares, que han mejorado el bienestar de la población estadounidense desde el New Deal del Presidente Roosevelt hasta las conquistas laborales, civiles y políticas de los años sesenta y setenta han sido diseñadas o influenciadas por socialistas.
Uno de sus grandes retos ha sido neutralizar la propaganda procedente de los grupos más reaccionarios del país (como la Heritage Foundation), promotores de la Guerra Fría, que incluso hoy, están intentando presentar el socialismo como equivalente al estalinismo. Sanders ha clarificado (procurando con ello diluir la imagen que de él intenta presentar la también candidata para la Presidencia de EEUU, Hillary Clinton) que su objetivo no es ni nacionalizar los grandes medios de producción ni la tienda de comercio de la esquina. Los puntos de referencia que utiliza Sanders son los países escandinavos, habiéndose referido a Dinamarca Y Suecia como una “experiencia especialmente interesante” e “incluso relevante” para EEUU, lo cual ha sido criticado por la Sra. Clinton, que ha señalado que EEUU no es ni Dinamarca ni Suecia. El senador Bernie Sanders, admirador de Olof Palme, el asesinado primer ministro socialdemócrata sueco (1982-1986), se define como socialista convencido y orgulloso de pertenecer a esta tradición política enraizada también en la historia de EEUU. Otras voces críticas de Sanders, como la del diario Huffington Post, han ido incluso más allá y han intentado desacreditarlo al identificarlo como el Hugo Chávez de EEUU, comentario hecho sin ninguna intención positiva y laudatoria.
Ni que decir tiene que grupos izquierdistas también han intentado desacreditarlo, presentándolo como no suficientemente revolucionario o como un socialdemócrata tradicional (observación que intenta ser insultante), que solo “intenta humanizar el capitalismo”, expresión característica de elementos muy minoritarios, sin apoyo popular, y de carácter predominantemente testimonial y nula incidencia política, ignorando que el socialismo no es un proyecto que ocurre el año A y día D (la famosa toma del Palacio de Invierno), sino que se construye o destruye diariamente, con medidas políticas públicas que distribuyen los recursos según las necesidades de la población, recursos que son financiados según las habilidades y capacidades de cada ciudadano, atendiendo al principio de “a cada uno según su necesidad, de cada uno según su capacidad”.
La mayoría de las izquierdas, sin embargo, incluyendo la mayoría del movimiento OWS lo apoya, trabajando activamente en su programa. El intelectual más conocido dentro de la izquierda estadounidense, mi amigo Noam Chomsky, lo ha apoyado, pues su candidatura está movilizando a muchísima gente. Y si esta movilización continúa y puede mantenerse después de las elecciones, el movimiento podría convertirse en el movimiento popular que facilitaría la necesaria transformación de aquel país.
¿Puede ser un socialista el nuevo Presidente de EEUU?
Ni que decir tiene que las posibilidades de que Sanders pueda ganar son muy limitadas debido al enorme control que los aparatos del Partido Demócrata tienen sobre la campaña electoral. Además, la privatización del proceso electoral en EEUU, así como la falta de regulación de los medios de información en cuanto a la emisión de propaganda electoral (el candidato puede comprar tanto tiempo mediático como quiera y pueda según el dinero que obtenga) hace difícil conseguir la exposición mediática del mensaje socialista en EEUU. La campaña de Sanders está financiada con pequeñas donaciones sin ningún apoyo de las grandes compañías. Ha conseguido hasta ahora 42 millones de dólares (frente a los 120 millones de Hillary Clinton) procedentes de 681.000 donantes.
Se argumenta también, con cierta razón, que aunque ganara (caso poco probable), el Congreso no le permitiría hacer los cambios necesarios. Ahora bien, hay que ser conscientes de que la gran movilización que su campaña ha causado ha tenido un efecto considerable en el sentido de que ha aumentado sustancialmente el apoyo hacia el socialismo, rompiendo el tabú que existía hacia tal sensibilidad política. En realidad, la última encuesta del New York Times/CBS Poll (Noviembre, 2015) muestra que el 56% de los miembros del Partido Demócrata que participarán en las primarias de tal partido tienen una opinión favorable del socialismo, y solo el 29% la tienen negativa. Lo que es también muy importante es que su apoyo entre la clase trabajadora blanca ha estado creciendo a costa del votante trabajador al Sr. Donald Trump, el candidato ultraderechista republicano con tintes fascistas. Los sindicatos progresistas en EEUU lo apoyan, aunque la federación mayoritaria sindical (AFL-CIO) no haya tomado partido entre Hillary Clinton y Bernie Sanders. Ahora bien, lo que es más importante es que el propio Bernie Sanders ha acentuado la “necesidad de no limitarse solo a las campañas electorales, consciente de que el cambio no ocurrirá a no ser que exista un movimiento comprometido en ir más allá que el proceso electoral, estableciéndose así un movimiento político-social”.
Ni que decir tiene que hay también algunas áreas en las que la candidatura de Sanders es limitada, incluyendo algunas de las políticas que ha apoyado, y otras que no. Entre estas últimas está su resistencia a recuperar para el sector público empresas privatizadas (como bancos rescatados con fondos federales). En este aspecto, su mayor énfasis es en la redistribución de los recursos más que en cambiar las relaciones de propiedad. Pretende alcanzar la redistribución mediante el aumento sustancial de la carga fiscal a las rentas superiores y a las rentas del capital; aumento del nivel salarial subiendo el salario mínimo (a 15 dólares por hora frente a los 12 dólares que propone Hillary Clinton); facilitando la sindicalización de la fuerza laboral para aumentar los salarios, hacer una inversión masiva para mejorar las infraestructuras del país (de 1 billón de dólares en cinco años) y reconvertir la economía pasándola de basarse en las energías fósiles a basarse en las energías renovables, medidas todas ellas que tendrían un enorme impacto positivo en el bienestar de las clases populares. Por todo ello, y sin desmerecer algunas de las críticas que se le han hecho, el hecho es que, como Chomsky ha indicado, Sanders ha abierto un nuevo espacio que ofrece posibilidades y que puede contribuir a un muy necesario cambio en EEUU.
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