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lunes, 22 de agosto de 2016

¿Refundar la izquierda?



Todos los partidos que van apareciendo en el amplio espectro de la izquierda nacional, o los que, con distintos camuflajes, ya lo ocupan desde hace muchas décadas, quieren refundar la izquierda. Por supuesto que me refiero a toda la purrela que hay a la izquierda del P$OE. Y da igual que sean marxistas, leninistas, estalinistas, trotskistas o maoístas, todos, desde sus posiciones de verdad inamovible quieren hacerlo. Es cómo si lo tuvieran grabado a fuego en su ADN izquierdero.
¿Por qué hay que refundar la izquierda? Porque las políticas que pregonan, las movilizaciones que promueven, los llamamientos revolucionarios, no atraen a los ciudadanos. En lugar de reconocer que se han quedado anticuados y están muchas décadas por detrás del pueblo que pretenden liderar, hablan de la tradicional división de la izquierda y proponen la refundación.
Al término de la IX Asamblea Federal de IU, en noviembre del 2.009, se aprobó el último proyecto conocido de refundación. Se hizo buscando “la refundación de toda la izquierda en una fuerza política más fuerte, anticapitalista, transformadora y republicana", haciendo un llamamiento a todos los sectores de la izquierda alternativa “en un proceso de acumulación de fuerzas”. Les fue tan bien, que ese mismo mes, Espacio Alternativo se salio de IU y se transformaron en Izquierda Anticapitalista. Fueron los primeros de una larga lista de deserciones que terminaron, casi todos, dentro de PODEMOS, queriendo refundar la izquierda.
No se han enterado de que va esto. Ni se han enterado ni quieren enterarse. Van a lo suyo (a lo de la refundación) y si por el camino se tienen que cargar PODEMOS, no tendrán problema. Luego, cuándo PODEMOS se convierta en un partido izquierdista y residual, cómo IU, volverán con una nueva versión de la “refundación de la izquierda”.
Los ciudadanos, el pueblo, lo que antes era la clase obrera, no quieren saber nada de luchas de clases, revoluciones o ideologías casposas. La gente quiere tener trabajo, ganar dinero suficiente para su ocio, y si además pueden ahorrar algo, pues mejor.
Ahora hay votantes en un amplio espectro no ideologizado, es decir, de derechas o de izquierdas, pero que no saben muy bien que significa eso. Por eso los partidos tradicionales se camuflan de centroizquierda o de centroderecha, aunque no lo sean. El PP es de derechas y el P$OE es de centro derecha (es mi opinión).
Desde la extrema izquierda nunca vamos a llegar a los votantes, por muchos movimientos sociales que intentemos aglutinar, sin mucho exito, en torno a nosotros. Habíamos logrado que lo de la transversalidad penetrara en la sociedad, habíamos alcanzado un resultado histórico, pero los de la refundación se han metido por medio y terminaran por joderlo todo. Cómo siempre.

miércoles, 10 de agosto de 2016

Soy una facción


Hace ya dos años que estoy activamente en PODEMOS. Desde el primer momento me atrajo el hecho de que se huía de la concepción clásica de la izquierda de este país. Aquí, cuándo se habla de izquierda, se habla de izquierda marxista o marxista-leninista, y sinceramente, eso no me interesa nada. No necesito empollarme el “Manifiesto Comunista”, el “Estado y la revolución”, las “Obras completas de Stalin” o seguir las directrices del “Gran timonel” de turno para considerarme de izquierdas. Podemos entrar en múltiples discusiones sobre que es ser de izquierdas, y a cada uno que preguntemos nos dará una contestación distinta. A este respecto, solo diré que soy de izquierdas porque estoy dispuesto a vivir un poco peor, para que mucha gente pueda vivir un poco mejor.
Pero volvamos a PODEMOS. Desde el primer momento, hemos hablado de transversalidad. Hemos identificado problemas comunes a votantes de derechas y de izquierdas, y ofrecemos soluciones razonables a unos y otros. Eso significa que no identificamos problemas entre derechas e izquierdas, porque los problemas son entre los de abajo y los de arriba. Entre los que sufren las consecuencias de las políticas de los de arriba, y los que acaparan la riqueza podridos de egoísmo.
Por supuesto, en PODEMOS, hay infinidad de sensibilidades que han convivido razonablemente bien, pero en diciembre, después de un éxito sin parangón para un partido de nuevo cuño, a los que siempre hemos sido de PODEMOS y creído en la línea política que nos ha llevado al éxito, nos etiquetan cómo “errejonistas” y nos convierten en una facción. Los otros, los llamados “pablistas”, los que proceden de una u otra forma de la moribunda IU, los que quieren refundar la izquierda, resulta que son los guay. Nos aliamos con los patéticos restos del referente marxista-leninista (masivamente apoyado por los inscritos) y somos hasta socialdemócratas.
Por supuesto, el perder la centralidad del tablero e irnos a un extremo, nos ha pasado factura en las urnas, porque todos los ataques mediáticos (Venezuela, Irán, y no sé cuantas cosas más) han cuajado. Pero también porque en política cinco más uno no tienen que ser seis, y más cuándo cambiamos de discurso estrepitosamente.
En fin, cómo ya he dicho antes, los que siempre hemos defendido el espíritu de PODEMOS ahora somos una facción. Corremos un riesgo muy serio de convertirnos en la versión morada de IU con toda su podredumbre, podredumbre que ya nos empieza a inundar